November 24, 2015 | by Sethaput Suthiwart-Narueput, Ph.D. Print

Foto: Panel de expertos discutiendo "Como combatir la pobreza con libertad económica" durante una conferencia de la Red de Libertad Económica de Asia titulada "Libertad económica: El camino a la felicidad" el 23 y 24 de noviembre del 2015 en Timbu, Bután.

A lo largo de las 352 páginas y más de 250.000 palabras del documento insignia del Banco Mundial: “La lucha por la pobreza, Informe sobre el Desarrollo Mundial” (WDR por sus siglas en inglés) la palabra “libertad”  es mencionada en 12 ocasiones. Por el contrario, las palabras “gobierno” y “Estado” son mencionadas aproximadamente 450 y 350 veces, respectivamente. Tal omisión y desbalance es especialmente sorprendente dadas algunas de las propias conclusiones del Banco, las cuales afirman de entrada que “los pobres son los verdaderos expertos en la pobreza”. La institución entrevistó a personas pobres para ofrecer el trasfondo para el WDR y encontró que ellos suelen describir su bienestar en términos de cinco dimensiones relacionadas entre sí, y una de ellas es “la libertad de elección y de acción”.

Entonces, ¿porque la libertad económica—o sus ideas básicas como la libre elección, la seguridad personal y de la propiedad, el intercambio voluntario, y la libertad de integrarse a mercados y competir—no está en el primer plano durante los debates políticos, dado su rol crítico y empíricamente documentado en el fomento del crecimiento económico y la reducción de la pobreza? ¿Por qué no se le presta mayor atención en las discusiones políticas por parte de los gobiernos, organizaciones internacionales, o de la sociedad en general?

Aunque su omisión por parte de los gobiernos sea comprensible (pero lamentable), es difícil entender cómo organizaciones internacionales encargadas de la reducción de la pobreza, tales como el Banco Mundial, lo omitan. En su perspicaz libro The Tyranny of Experts, William Easterly señala:

“El enfoque convencional para el desarrollo económico—hacer que países pobres sean ricos—se basa en una ilusión tecnócrata: la idea que la pobreza es un problema esencialmente técnico que se puede corregir tras el uso de fertilizantes, antibióticos, o suplementos nutricionales… La ilusión tecnócrata que la pobreza surge de una falta de expertos, cuando en verdad la pobreza tiene que ver con una carencia de derechos… Los problemas técnicos de los pobres… son un síntoma de la pobreza, no una causa de la pobreza. La causa de la pobreza es la ausencia de derechos políticos y económicos, la ausencia de un sistema político y económico libre que encuentre soluciones técnicas a los problemas de los pobres”. 

Yo trabajé una década en el Banco Mundial, por lo que puedo testificar fácilmente el enorme atractivo que tiene una ilusión tan tecnócrataen una enorme burocracia internacional. Esta ilusión permite que una enorme cantidad de recursos sean desplegados hacia la producción de más resultados de los que pueden ser monitoreados y verificados centralmente —por ejemplo, más escuelas y hospitales, independientemente de si estos se requieren o realmente resultan en la mejora de los resultados educativos y de salud. 

Tambien permite que expertos internacionales actuen como expertos en cualquier país en el que trabajen, armados con ejemplos como "mejores prácticas internacionales" y asi sean capaces de ignorar la historia y las condiciones locales. 

Desafortunadamente este problema no se limita de ninguna manera al Banco Mundial. Probablemente el ejemplo más atroz de la ilusión tecnócrata de proveer soluciones hacia la pobreza basadas en la oferta son los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, u ODMPuede que la planificación central al estilo soviético este muerta, incluso en la Rusia de hoy en dia, pero su espíritu sigue vivo en la comunidad del desarrollo internacional.

Es aún más curioso por qué discusiones sobre libertad económica no están al centro de las discusiones públicas. O, para decirlo de una manera más cruda y concreta,  ¿Por qué hay tanta desconfianza hacia los libres mercados, cuando estos trajeron tanta prosperidad a los países que están saliendo de la pobreza en Asia y América Latina? 

Una razón puede ser la “culpabilidad por asociación”. Muchas personas de la región asocian los términos “libre mercado” y “capitalismo” a grandes, ricos, y poderosos magnates clientelistas. En muchos países de Asia y de Latinoamérica, por ejemplo, la lista de billonarios de Forbes es dominada por unas cuantas familias empresarias con intereses en sectores productivos altamente regulados, como el alcohol y tabaco, las telecomunicaciones, la banca y los sectores inmobiliarios. En contraste, en los Estados Unidos, cuando uno piensa en personas ricas vienen a la mente nombres como Bill Gates, Warren Buffet, y otros grandes de Silicon Valley-- no unos cuantos apellidos viejos o de renombre. Uno piensa en ricos innovadores y expertos de primera generación, no en ricos poderosos y beneficiarios de familias con apellidos establecidos. La triste ironía es que los rostros públicos que representan a los “mercados libres” de la región se han beneficiado de mercados que en verdad no son tan libres. También pueden ser los beneficiarios de dádivas gubernamentales. Con la mayor parte de la población trabajando aún en el sector agrícola, los gobiernos aún son vistos como fuentes de asistencia y generosidad para compensar las dificultades asociadas con los ciclos de precios y las malas cosechas.

Dado lo anterior, ¿cómo podemos traer la libertad económica a la posición central que tiene que ocupar en el debate público de la región? Necesitamos replantear la discusión de tal manera que las ideas clave de la libertad económica resuenen más y ganen una mayor aceptación entre el público. Al menos tres cosas se me vienen a la mente.

En primer lugar, debemos reformular o cambiar el vocabulario. “Libertad para entrar y competir en el mercado” suena muy abstracto, mientras que “libre mercado” padece de asociaciones negativas, como se discutió antes. En vez de repetir estos mismos terminos, sería mejor enfocarse en otras maneras de comunicar e introducir algunas de las mismas ideas en una forma que suene mejor, con tales conceptos como: “un patio de juego nivelado” y “justicia”, “solo a los compinches les gusta el capitalismo de compinches”. Similarmente, criticar el “tamaño del gobierno” en un contexto en donde el gobierno es visto como un proveedor generoso tiene gran probabilidad de ser contraproducente. En cambio, es mejor enfocarse en aspectos como la calidad del gobierno en temas como “anticorrupción” e “igual trato”

En segundo lugar, debemos promover nuevos “niños de afiche” asociados con libertad económica. La cara pública del libre mercado y del capitalismo necesita ser renovada, pasar de ser el típico titán de los negocios perteneciente a una familia con conexionesa emprendedores innovadores de pequeña escala. Necesitamos encontrar al Steve Jobs y al Jack Mas de la región. Si en los Estados Unidos, los billonarios con fondos de cobertura y Wall Street fueran las únicas imágenes que las personas asocian con el libre mercado y el capitalismo, tales ideas probablemente no tendrian tanta aceptación en el público en general, como las tienen hoy en dia.

Tercero, debemos ser más estratégicos y selectivos. No todos los elementos de la agenda de la libertad económica tendrán resonancia en cada país. Sería mejor dar prioridad a aquellos conceptos que tienen más probabilidad de ser aceptados en cada lugar. Por ejemplo, en conjunto, Atlas Network y la Fundación Friedrich Naumann tradujeron al tailandés, una edición de Common Sense Economics de Gwartney y otros, la cual incluyó estudios sobre varios temas relacionados a subsidios locales y sus esquemas.

Déjenme terminar con una nota positiva. A pesar de que existen algunos obstáculos en la región, que hacen que las ideas de libertad económica tengan menos peso, la historia y la experiencia iranreduciendo esos obstáculos. La libertad económica ha sido y seguira siendo clave para promover el crecimiento y reducir la pobreza. Mientras ello se está llevando a cabo, estas ideas serán más atractivas. En 2014, Pew Research Center realizó una encuesta sobre la aceptación de ideas del libre mercado. Los encuestados fueron cuestionados sobre su concordancia con la siguiente afirmación: “más personas están mejor en una economía de libre mercado, aunque unas sean ricas y otras pobres”. Los países en los que más personas estaban de acuerdo con esa afirmación eran: Vietnam (95%), Bangladesh (80%), Corea (78%) y China (76%) – todos con numeros más altos que los Estados Unidos (70%). El reto para nosotros es poder sostener esta afirmación más ampliamente y reducir el riesgo de debilitar el motor que ha sido el promotor de la prosperidad.