January 11, 2015 | by Casey Given Print

Uber, Lyft, Airbnb. Estas marcas han dominado los titulares durante el último año junto con menciones de la “economía colaborativa”. Pero, ¿qué es exactamente este nuevo y valiente mundo del comercio? ¿Cómo se diferencia del comercio del pasado? A continuación cuatro formas en las cuales la economía colaborativa está cambiando fundamentalmente el mundo a nuestro alrededor.

Disminuyen los costos de transacción.
Todos los días requerimos bienes y servicios que pueden ser proporcionados por las personas a nuestro alrededor, pero no estamos al tanto de cómo coordinar con esos potenciales vendedores. Una persona que lleva una ruta similar al trabajo que la suya puede estar dispuesta a darle un aventón por una pequeña contribución. La podadora usada que ha querido comprar podría estar guardada en el sótano de su vecino. Lo que se interpone entre el comprador y el vendedor son costos de transacción, el tiempo, dinero y esfuerzo necesarios para facilitar un intercambio de mercado. Antes de la era de Internet, los costos de reglamentos y responsabilidad legal para que los productores llevaran sus productos al mercado eran altos, al igual que el problema de conocimiento que no permite a los consumidores saber en quién confiar. Como resultado, los intercambios de mercado usualmente se facilitaban a través de firmas, intermediarios, o incluso agencias del gobierno.

La economía colaborativa está perturbando este antiguo modelo conectando directamente a los productores con los consumidores, eliminando la necesidad de la mayor parte de los intermediarios. En lugar de trabajar para una compañía de taxis, los conductores ahora pueden encender sus celulares y ofrecer transporte a personas en la calle a través de apps móviles como Uber, Lyft, o Sidecar, como contratistas independientes. En lugar de confiar en las opiniones profesionales o en inspectores del gobierno para saber cuáles restaurantes ofrecerán las mejores comidas, los consumidores pueden confiar en las opiniones de las personas comunes a través de Yelp, TripAdvisor, o Google Maps. Los mercados están descubriendo nuevas fronteras de posibilidades, diseminando información, bajando precios y abriendo puertas empresariales a una velocidad sin precedentes.

Se están eliminando las barreras de entrada al mercado.
A medida que la tecnología sigue reduciendo los costos de transacción, muchos de los obstáculos enfrentados por productores para poder entrar a un mercado, también se están eliminando por completo, obstáculos conocidos como barreras de entrada. Quizás la barrera más onerosa la constituyen las licencias ocupacionales, las cuales son básicamente permisos por escrito del gobierno para poder trabajar en una industria dada. En lugar de gastar sumas exorbitantes en metrópolis como Nueva York para comprar los muy caros medallones de taxi (que suelen venderse por más de $1 millón cada uno), los dueños de automóviles ahora pueden ofrecer sus servicios con un poco más que una verificación de antecedentes penales. En lugar de intentar atravesar el laberinto de obtener una licencia de hotel, ahora las personas pueden alquilar sus hogares a través de Airbnb o Couchsurfing sin requerir ningún consentimiento aparte del dado por el huésped.

Al reducir las barreras para entrar, la economía del intercambio puede ayudar a aliviar la pobreza. Esto les permite a los empresarios de bajos ingresos, quienes de otra manera quedarían fuera del mercado por las costosas licencias ocupacionales, una oportunidad de prosperar en un mercado seguro y legal. Según el Instituto para la Justicia (Institute for Justice), la licencia ocupacional promedio para personas de bajos ingresos requiere que los trabajadores pasen nueve meses en entrenamiento y paguen $200 en tarifas. Estos costos determinan la línea entre el éxito y la pobreza para muchos potenciales empresarios, pero la economía del intercambio rápidamente está eliminando muchas de éstas barreras, permitiendo a cambio que los que tienen iniciativa determinen los nuevos caminos hacia la prosperidad.

La captura regulatoria representa un reto.
Naturalmente, todo este emocionante cambio trae nuevos retos. Las firmas establecidas batallan para preservar los modelos anticuados de negocios porque ellos específicamente se benefician cuando los costos de transacción y las barreras de entrada mantienen alejados a los nuevos competidores. Por ejemplo, los servicios de transporte compartido como Uber han enfrentado retos regulatorios en casi todas las ciudades principales donde han entrado. En el caso más reciente, el gobierno de Portland, Oregon ordenó a Uber a que cesara de prestar servicios porque sus conductores no tienen licencias de taxi apropiadas. Los gobiernos de algunas ciudades se han hecho especialmente notorios por su hostilidad hacia la economía del intercambio. Nueva York, por ejemplo, amenazó con clausurar a Uber, Lyft y Airbnb, e incluso recientemente ha amenazado a personas que se reúnen voluntariamente para compartir una comida.

Los reguladores suelen ser tan hostiles ante los nuevos participantes de un mercado debido a la tremenda presión que reciben de parte de los intereses atrincherados. Este proceso de cabildear a los funcionarios gubernamentales para pasar leyes favorables a un conjunto particular de intereses de negocios se llama captura regulatoria. Los hoteles, restaurantes, conductores de taxis y otros actores que se ven amenazados por la nueva competencia de parte de la economía del compartir, tienen interés en mantener altas las barreras a la entrada para poder realizar ganancias adicionales gracias a un mercado más captivo. Este drama es particularmente evidente en la forma en que se desarrolla dentro de la industria del transporte, ya que los servicios de automóviles como Uber con frecuencia anuncian lo bajas que son sus tarifas en comparación con los taxis. Los intereses económicos están tan profundamente arraigados en muchas industrias que la captura regulatoria no desaparecerá pronto. La economía del intercambio ciertamente enfrentará muchos retos más, pero los reguladores deberían recordar que la competencia implica más oportunidades para emprender entre las clases bajas y medias, además de menores precios para los consumidores, lo que les deja más dinero para gastar o invertir en otras cosas, expandiendo la economía.

La destrucción creativa triunfará al final.
Aunque la captura regulatoria puede representar un obstáculo que evita que la economía colaborativa pueda ir a un paso más acelerado, el gobierno a final de cuentas no puede detener el progreso tecnológico. Los emprendedores seguirán utilizando nuevas herramientas para hacer que los bienes y servicios se ofrezcan más rápido, de manera más eficiente y a mejor precio. La fuerza del gobierno no puede suprimir la voluntad del consumidor. Compañías como Uber han demostrado que se dan cuenta de esto al iniciar operaciones en muchas ciudades donde el estatus legal de sus operaciones es incierto o incluso prohibido. Varios gobiernos estatales y locales están tratando de adelantarse a los sucesos hablando con Uber primero para crear nuevas regulaciones para el siglo 21. Colorado, por ejemplo, se convirtió en el primer estado en legalizar oficialmente los servicios de transporte compartido.

Las industrias establecidas también deben evolucionar para adaptarse a las realidades tecnológicas modernas, o convertirse en obsoletas. Este proceso económico se llama destrucción creativa, en la cual los innovadores crean nueva presión competitiva que lleva a los actores del mercado a abandonar los modelos ineficientes y mejorar sus propios servicios. La industria de los taxis, por ejemplo, lanzó en 2011 una app de transporte compartido llamada Hailo que buscaba competir con los nuevos servicios de transporte compartido, aunque finalmente falló y cesó sus servicios en los mercados de Norteamérica.

La amplitud de la perturbación de la economía colaborativa queda finalmente en las manos de los actores establecidos del mercado. Los consumidores siempre demandarán los mejores productos al mejor precio. Queda de parte de las empresas decidir si se suben al tren y proporcionan esos productos o se quedan rezagados.